Las basílicas romanas
Aquí descubrirás cómo las basílicas, desde sus orígenes romanos, se convirtieron en el centro de la vida pública y, más tarde, en el modelo de nuestras iglesias. ¡Acompáñanos en este viaje arquitectónico!

¿Qué es una basílica?
La palabra "basílica" viene del griego "Basileus" y significa "rey o regio". En la antigua Roma, las basílicas eran edificios muy importantes, situados en los foros, el corazón de la ciudad. Eran esenciales para la vida pública romana.
La primera basílica fue construida en el 185 a. C. fue conocida como Basílica Porcia. Desgraciadamente, nada queda de ella tras su destrucción el año 54.
En el 179 a. C. se construyó junto a ella la Basílica Fulvia y Emilia. Ambos edificios sirvieron de base para la Basílica Julia que aún se conserva en el Foro. A la izquierda veis los restos que conservamos y abajo una reconstrucción de como habría sido el edificio.

Un espacio para la vida pública
Las basílicas romanas no eran templos religiosos, sino edificios civiles. Se usaban principalmente para asuntos legales, como juicios, pero también eran el lugar ideal para hacer negocios y transacciones económicas. Imagina un centro de actividades donde todo el mundo se reunía para diferentes propósitos.
Concebido esencialmente como espacio reservado para llevar a cabo negocios jurídicos, lo cierto es que servía además para realizar tratos comerciales y transacciones económicas.
Debido a esta doble función, el espacio se acomodó a esta razón por lo que generalmente son edificios de planta rectangular con una gran sala compartimentada por naves (tres o cinco es lo habitual) longitudinales las cuales sostenían una cubierta a dos aguas con techumbre de madera.
Habitualmente comprendían dos pisos en las naves laterales adquiriendo la central mayor altura y abriéndose vanos para la iluminación interior. No resulta extraño encontrarnos en los frontales con una especie de ábside cuadrangular o semicircular donde se acomodaban los magistrados ejerciendo de tribunal.

Un espacio para la vida pública
Se trataba de una gran sala rectangular compuesta por una o más naves (en número impar); en este segundo caso, la central era más ancha y alta y estaba soportada por columnas. La diferencia de alturas se aprovechaba para abrir huecos de iluminación en la parte alta de los muros. En uno de los extremos de la nave principal (o en los dos) podía existir un ábside, donde se instalaba la presidencia, mientras que la entrada se efectuaba por el extremo opuesto a través de un pórtico. En ocasiones, la puerta de acceso también podía situarse en el centro de uno de los lados
mayores del rectángulo.
Abajo podéis ver la planta de una Basílica romana, y a la izquierda el interior de una de las basílicas romanas más importantes: la Basílica de Majencio.

La Basílica de Majencio
La Basílica de Majencio, el último y más grande edificio de
la época imperial fue comenzada por el emperador Majencio a principios del s. IV d.C y terminada por Constantino I.
Las impresionantes dimensiones que tuvo y el sistema de
construcción de sus cubiertas le hacen ser uno de los edificios
claves de la arquitectura romana.
Sólo la nave central tenía 80 metros de largo, 25 metros de
ancho y 35 de alto. Los restos que quedan son tres recintos
cubiertos de la nave lateral con sus muros de apoyo y de
cierre.
Su función sería albergar la prefectura judicial que administraba
la ciudad de Roma. En planta observamos el primer eje
principal de Majencio (nave central desde el acceso hasta el
ábside) y el segundo eje creado por Constantino (acceso lateral
hasta segundo ábside).
Arriba y abajo podéis ver recreaciones de la Basílica de Majencio, y a la izquierda el estado actual del edificio. En esta foto se aprecia lo gigantesco que es el edificio, ¿verdad? Comparad el tamaño de las sillas y de los árboles con el de los muros.
Del diseño romano a las iglesias cristianas
Las basílicas tenían una forma muy característica: plantas rectangulares con grandes salas divididas por varias naves (pasillos) longitudinales. Estas naves estaban separadas por columnas y soportaban un tejado a dos aguas, generalmente de madera. Esta estructura resultó ser tan funcional que los primeros cristianos la adoptaron para sus lugares de culto.
La basílica cristiana se divide en tres partes:
I. El atrium: Gran patio cuadrangular y porticado a través del cual se accedía al narthex, nave transversal que estaba dedicada a los catecúmenos. El patio podía contar con una fuente en el centro o cantharus.
II. Cuerpo central: Se compone de tres o cinco naves siendo la central de mayor anchura y altura lo que permite la apertura de ventanas. Las naves pueden estar separadas por arcadas o columnas sobre las que se apoya un arquitrabe. Sobre las naves laterales podía estar situado el matroneum o tribunas destinadas a las mujeres. Estas naves se cubren por techos planos de casetones de madera.
III. Cabecera: A través del arco triunfal se accede al transeptum, nave transversal a las anteriores, que da paso al presbiterio de planta semicircular cubierto por una bóveda. En el centro de éste se encuentra el ara o altar que se cubre por un ciborium o baldaquino.
En la imagen de arriba podéis ver como era la estructura de la Basílica de San Pedro en torno al siglo V-VI
Pero, ¿Por qué eligieron las Basílicas como modelo para sus Iglesias?

¿Por qué eligieron las Basílicas como modelo para sus Iglesias?
Con el Edicto de Milán (313) finalizan las persecuciones a los cristianos y aparece el modelo de templo cristiano.
El primer problema arquitectónico con el que se encontraron los cristianos es que no podían aprovechar los templos paganos, es decir, los templos de la religión romana, porque su culto era al aire libre y sus edificios religiosos eran solo relicarios para custodiar una imagen. Se necesitaba una iglesia espaciosa, que
permitiera congregar en su interior a fieles y sacerdotes durante la celebración de la Eucaristía.
Se opta entonces por tomar como modelo la basílica porque podían acoger a grandes multitudes- Luego las adaptaron a las necesidades de los ritos cristianos.
A la izquierda podéis ver una de las primeras basílicas cristianas, la Basílica de Santa Sabina, en Roma.
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