Las casas de los patricios: lujo y poder

Adéntrate en las majestuosas viviendas de los ricos y nobles romanos. Descubre cómo vivían, los espacios que utilizaban y el significado de cada rincón en su día a día. Esta es una ventana al pasado de la élite romana, diseñada especialmente para alumnos de 1º de ESO.

La entrada a la domus: un primer vistazo

Las tipologías domésticas más comunes eran la domus y la insula. También existían villas, como explotaciones agropecuarias o de recreo, esparcidas aisladamente por todo el territorio.

Vamos a entender primero como funcionaba la domus, palabra que significa casa en latín. 

Era la casa individual, destinada a una sola familia, desarrollada en la época republicana. También se conoce como casa pompeyana, por sus restos. Era compleja, desarrollada hacia el interior y sin apenas elementos exteriores.

Se dividía en 2 partes: una alrededor del atrio central y otra abierta al peristilo. La primera era la más cercana a la calle y se componía de vestíbulo, pasillo hasta el atrio, normalmente descubierto, con impluvium y lararium (santuario de los dioses de la casa) y otros elementos decorativos.

Después estaba el tablinium (sala de invitados), en cuyo alrededor se situaban el resto de habitaciones, o en un segundo piso. Esta parte era heredera de la domus etrusca. Con la helenización se añadió al tablinium, el peristilo (patio-jardín), alrededor del cual estaban los triclinios o comedores y salas de reunión.

La domus evolucionará reduciéndose de tamaño e importancia, hasta desaparecer el atrio (que perdió su funcionalidad), haciendo más importante el peristilo. 

En Pompeya, los interiores de las casas estaban decoradas con placas de mármol o mosaicos y el exterior estaba estucado y pintado. 

A la izquierda y abajo podéis ver la casa de Marco Lucrecio Frontón, un pompeyano al que le pilló la erupción del volcán Vesubio. El señor pasó a mejor vida, pero su casa se conservó perfectamente. 

La entrada a la domus: un primer vistazo

Al igual que las casas humildes, las casas de los ricos romanos, conocidas como domus, tenían una entrada principal que recibía el nombre de fauces. Podéis ver una entrada arriba, decorada con el mosaico de un perro. Esta entrada no solo era funcional, sino que también reflejaba el estatus del propietario. A menudo estaba decorada con elementos que impresionaban a los visitantes, mostrando la riqueza y el poder de la familia.

A continuación entramos al atrium, una especie de pasillo central alrdedor del cual se organiza la domus y que está cubierto, dejando una abertura central que se llama compluvium. 

Las funciones del atrio eran:

-Sede del larario o altar doméstico, que podía ser bien tipo nicho coronado con un pequeño frontón, o bien un pequeño edículo. Aquí se ponían estatuas de los antepasados, como podéis ver a la derecha.

-Ser el lugar de recepción de la clientela, por lo que se reunían los mejores objetos de la vajilla doméstica. 

Baños y letrinas 

El aseo solía estar situado junto a la cocina y conectado a un pozo de evacuación o a un canal de desagüe.
Baños solo hemos encontrado en casas de cierto estatus y se consideran pequeñas termas adecuadas al uso de la
domus. En el siglo III a.e.c. la domus contaba con un balnea para cubrir las necesidades higiénicas junto a la cocina, pero
ya en el siglo II a..e.c.. balneum y culina son estancias separadas; aparecen los braseros para calentar el agua y los
apodyterium, tepidarium y caldarium.

En el año 100 a.e.c.. aparece el hipocaustum, que calienta todas las salas. Eran una especie de tuberías que se llenaban de vapor de agua caliente y calentaban todas las estancias de la casa. 

Tablinum y cubiculum: espacios privados y de trabajo

Alrededor del atrium se encontraban otras habitaciones. El tablinum era la oficina del propietario, donde se guardaban documentos importantes y se realizaban asuntos de negocios. Los cubicula eran los dormitorios, espacios más privados para la familia. Cada uno de estos espacios tenía un propósito específico, reflejando la organización de la vida romana.

En la domus lo conformaban las estancias destinadas a cenas en las que los convidados se disponían recostados en los klynai, que formaban una U en torno a la mesa central y siguiendo un orden establecido a la hora de aposentar a los comensales. Existían también triclinia de verano.

Otra variedad era el biclinium compuesto de dos lechos dispuestos en ángulo recto.

A su alrededor estaban los cubicula, los dormitorios de la domus, que generalmente eran de tamaño reducido, con un característico entrante en la pared para encajar el lecho.

El peristilo: el jardín secreto

Detrás del atrium se encontraba el peristilo, un jardín interior rodeado de columnas. Este era un espacio más privado y tranquilo, a menudo decorado con estatuas, fuentes y plantas exóticas. Era un lugar de descanso, ocio y belleza para la familia, contrastando con el ambiente más público del atrium.

Triclinium y culina: banquetes y cocina

El triclinium era el comedor principal, donde los romanos celebraban banquetes reclinados en lechos. Era un lugar clave para la vida social y las demostraciones de riqueza. La culina, o cocina, era donde se preparaban estas elaboradas comidas. Aunque funcional, en las casas nobles podía ser bastante sofisticada.  Solía ser una estancia pequeña dedicada a la cocina, dotada de una encimera recubierta de ladrillos
sobre la que se cocinaba, con espacios bajo la encimera para la leña o la vajilla y a veces, con un pequeño horno de pan

El modelo de Villa Romana

En época romana existían 2 tipos de villa: la rústica, con todas las edificaciones necesarias para la exportación agrícola y ganadera (almacenes, bodegas, habitaciones para los trabajadores, etc); y la urbana o de recreo, con todos los lujos del momento. 

La villa urbana o villa de recreo. Se incluían todo tipo de lujos para el disfrute de patricios o incluso emperadores. También pretendían ser construcciones de prestigio, intelectual y artístico. En sus versiones más modestas reproducían el esquema de la domus, pero con una apertura al exterior de la que carecía aquélla. La logia en la fachada, el peristilo, la galería, el patio porticado, fueron elementos propios de las villas que se abrían a los jardines y paisaje que las rodeaban.

La curva y contracurva, el hormigón y el desarrollo de fachadas monumentales, así como en los jardines, la sucesión de pabellones, belvederes, exedras, solaria, parques internos, ninfeos, albercas, piscinas, etc., fueron los elementos distintivos de estas villas en época imperial.

La primera que se conoce es en Pompeya, en la falda del Vesubio. En ésta se invertía el orden atrio peristilo, y se disponía en terrazas artificiales. La más representativa es la Villa de los Misterios, en la Campania, de la que estáis viendo ahora mismo imágenes. 

El ala sureste estaba destinada a la lujosa mansión; asentada sobre una terraza artificial, su distribución seguía un eje axial: entrada, peristilo, atrio, tablinium y exedra desde la cual se veía la costa. El ala noreste era un conjunto de edificios para la explotación agropecuaria.

Recreación de una Villa Rústica romana

El modelo de Villa Romana

Hay dos tipos de villae, la villa rustica y la villa d’otium, también conocida como villa urbana, pseudourbana o suburbana. Nosotros nos vamos a centrar en las villas rústicas, aunque haremos menciones a otros tipos. 

Las villas rústicas son residencias aisladas, situada en el campo y que contraponen el hábitat ciudadano de la domus. En el campo, además de las villae, también se encontraban casae o residencias modestas y tuguria o cabañas. Se considera una granja en la que el hogar del propietario es relativamente simple puesto que su principal función son las labores agrícolas y ganaderas.

Los precedentes de estas villas son las residencias aristocráticas situadas en las afueras de las ciudades griegas y las lujosas residencias de los alrededores de Cartago del siglo IV a..e.c. Se ha comprobado que ya en el siglo IV a.e.c. existían villas en el Lacio, situadas en altura y que englobaban construcciones domésticas y otras dedicadas a las labores de subsistencia.

En el siglo III a.e.c. apenas varían sus características, con zonas de habitación minoritarias, situadas en lugares elevados e inscritas en un espacio cuadrangular. Durante los siglos II y I a.C. la apertura a nuevos puertos en el Mediterráneo oriental permite el crecimiento económico y también ocasiona la desaparición de los pequeños agricultores libres y la concentración de tierras en manos de una nobleza absentista que delega en capataces la organización de sus propiedades, trabajadas por una mano de obra servil. 

En España tenemos el ejemplo de la Villa Romana de Noheda, en Cuenca, de la cuál estáis viendo sus mosaicos. 

La villa urbana, por el contrario, está concebida para el bienestar del propietario y predomina el sector residencial, aunque es ocasiones también cuenta con una pars rustica reservada a las actividades agropecuarias. Además hay otros tipos de villas: las marítimas, cercanas al mar, y las lacustres, situadas alrededor de los grandes lagos. 

Las villas imperiales. Villa Adriana en Tívoli

La villa de Adriano en Tívoli es el mejor ejemplo de residencia imperial. Las villas de los emperadores fueron pequeñas ciudades en sí mismas. Tenían baños, bibliotecas, jardines, estanques, templos, etc. Destacan las de Augusto y Tiberio en Capri, la de Nerón en Anzio, pero la mejor conservada es la de Adriano. Todos los edificios (palacios, pórticos, estadio, teatro, balneario, bibliotecas, etc) se construyeron con mármoles y se decoraron con estucos, pinturas, estatuas y mosaicos.

El conjunto formaba 4 zonas separadas por espacios vacíos. Se buscó la irregularidad más que la simetría, para lo que aprovecharon los desniveles del terreno.

Las bóvedas y las fachadas curvilíneas fueron un recurso muy utilizado. La arquitectura de la villa fue el resultado de la experimentación que se produjo en ese siglo. Se prescindió de la rigidez de los principios de la arquitectura pública, ordenación lineal y axial de los elementos, la decoración externa con elementos clásicos, etc; para lo que el hormigón fue fundamental, ya que propició increíbles abovedamientos, plantas circulares, lobulares, etc. 

La parte más destacada es el Canopo, un alargado estanque con la idea de curso fluvial (en recuerdo al Nilo) y navegable para barcas ligeras. Rodeado por un pórtico de columnas, con arcos de medio punto y estatuas en los intercolumnios. En un extremo había un ábside imitando una gruta, cubierta con bóveda y mosaicos donde manaba el agua, en forma de cascada, que alimentaba el estanque. Sobre él había un gran comedor. Lo podéis ver a la derecha. 

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