Catacumbas y necrópolis cristianas: Usos y evolución
Aquí exploraremos los usos, partes y la evolución de las catacumbas y necrópolis cristianas, desde el siglo I hasta el siglo V. Descubre cómo se formaron estos lugares sagrados y su importancia para los primeros cristianos.

Orígenes de las catacumbas
Los primeros cristianos en Roma llamaron a los lugares de enterramiento subterráneos "coemeterium", el término que hoy conocemos como cementerio. Sin embargo, el nombre "catacumba" proviene de la expresión "ad catacumbas" (en la hondonada), refiriéndose originalmente a las catacumbas de San Sebastián, construidas al sur de Roma y que puedes ver en la imagen de la izquierda. Con el tiempo, la palabra catacumba pasó a designar todos los cementerios subterráneos cristianos.
Su nacimiento se remonta a finales del siglo II d.C y en su creación se conjugan una serie de hechos tales como el crecimiento de la comunidad, la conciencia de constituir un colectivo solidario, la disposición de lugares propios para la celebración de rituales y sobre todo el poder garantizar una sepultura cristiana a todo el mundo.
En realidad los cristianos adoptaron un tipo de tumba ya existente (hipogeo) en el que introdujeron una serie de características innovadoras como la mayor extensión y la utilización intensiva y racional del espacio.

Ciudades completas bajo tierra
Las catacumbas eran esencialmente cementerios o necrópolis subterráneas. Aquí, los fieles acudían para llevar a cabo rituales en honor a sus difuntos y venerar a los mártires en el aniversario de su muerte, que se consideraba su nacimiento a una nueva vida junto a Dios.
Los mártires son todos aquellos cristianos que a lo largo de la historia han sufrido persecuciones por su fe, e incluso han muerto por ella.
Volviendo a las catacumbas, estaban formadas por un laberinto de galerías estrechas con sepulcros individuales bajo tierra cubiertos por lastras de mármol o piedra. En las paredes laterales de los pasillos se excavaban nichos a varios niveles que albergaban sepulturas para difuntos de condición modesta.
Estas ciudades subterráneas eran enormes, ¡Fijaos en lo grande que es el mapa de la derecha! Representa las catacumbas más importantes, "Las catacumbas de Priscila".

¿Cómo eran las tumbas dentro de las catacumbas?
Cada tumba se cerraba con una lápida de mármol, piedra o ladrillos, con el nombre del difunto o difuntos inscrito.
Los nichos representan el sistema sepulcral más humilde e igualitario, con el objeto de respetar el sentido comunitario que animaba a los primeros cristianos. La uniformidad de las sepulturas se correspondía con la ideología de la nueva religión, que garantizaba a todos el mismo tratamiento y la igualdad frente a Dios.
Aún así, algunas personas no se enterraban en túmulos, sino en sarcófagos como el que veis a la izquierda.

Cambios tras la legalización del cristianismo
En el siglo III, a partir de la promulgación del edicto de Milán en el año 313, finalizaron las persecuciones religiosas y se produjo el gran florecimiento del número y extensión de los cementerios comunitarios o catacumbas, que se convirtieron definitivamente en propiedad de la Iglesia.
Desde este momento se incrementan las áreas monumentales y se favorecen los cubículos familiares, grandes cámaras sepulcrales donde se enterraba a los miembros de una familia o de un grupo de la comunidad. Algunas tumbas de estos cubículos se coronaban por un arco, llamado arcosolium. Un buen ejemplo es el que veis a la derecha, de las Catacumbas de Comodilla, en Roma, Italia.
Se incrementan, además, los hipogeos privados, de reducidas dimensiones y ricamente decorados, con escenas bíblicas del antiguo y nuevo testamento, junto a pasajes de la mitología clásica pagana. Un ejemplo son las criptas, espacios mucho más amplios que los cubículos, en los que se daba sepultura a uno o más mártires y donde se oficiaba misa. Tenéis un ejemplo justo aquí abajo, el Hipogeo de Via Livenza, Roma, Italia

La pintura de las catacumbas
Las primeras manifestaciones de la pintura cristiana de época romana proceden de las catacumbas y se remontan a finales del siglo II y comienzos del siglo III d. C., y, contrariamente a lo que podría creerse, las catacumbas romanas nunca fueron pintadas para hacerlas más bellas estéticamente en su conjunto, sino que solamente un pequeño número de cámaras o de arcos funerarios fueron decorados con pinturas por parte de los pocos cristianos afortunados de la época.
Abajo podéis ver una representación de Adán y Eva, junto al árbol de la vida (Catacumbas de San Pedro y Marcelino, Roma, Italia).
Una de las imágenes más comunes es la del Buen Pastor, que representa a Cristo como un humilde pastor que lleva una oveja sobre los hombros, mientras cuida de su pequeño rebaño.
Esta imagen evoca las figuras griegas de época arcaica del moscóforo, portador del ternero y del crióforo, portador del carnero, que se asociaban al dios Hermes, patrón de los pastores y guía de las almas al inframundo, de ahí la posible comparación con Cristo, cuya naturaleza dual, como hombre y como hijo de Dios, le permitía guiar su rebaño (los hombres) de un mundo al otro ofreciendo la salvación del alma.
Podéis ver a un Buen Pastor en la imagen de la izquierda; está en las Catacumbas de Priscila.
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