Circos romanos: el rugido de la arena

Explora con nosotros los circos romanos, espacios dedicados a las emocionantes carreras de carros. Descubre su arquitectura única y la pasión que desataban los ludi circenses. Entiende la importancia cultural y el papel que estos edificios jugaron en la vida romana.

La invención romana: el circo

Al igual que el anfiteatro, el circo es una invención genuinamente romana. En estos grandes espacios tenían lugar las muy demandadas carreras de carros o ludi circenses, un espectáculo que cautivaba a las multitudes. Estos edificios se caracterizaban por sus grandes dimensiones y su forma alargada, casi elíptica, diseñados para albergar a miles de espectadores y las emocionantes competiciones.

Arquitectura y elementos clave

La planta del circo seguía un eje longitudinal, la spina, un murete de baja altura que dividía la arena en dos pistas. Sobre la spina se colocaban elementos ornamentales como estatuas de delfines y obeliscos. Uno de sus extremos se cerraba de forma longitudinal, y el otro permanecía abierto, albergando las carceres o puntos de partida de los carros. En los extremos de la spina se encontraban las metae, con sus respectivos ovarios o delfines, que servían para contabilizar el número de vueltas.

En el pulvinar se se sentaban las autoridades políticas, mientras que el resto de la población se dividía los mejores asiento de la cavea según su clase social. 

La cavea: un graderío para miles

La cavea del circo presentaba un graderío corrido, una característica que lo diferenciaba de teatros y anfiteatros, donde la distribución de asientos era más compartimentada. Este diseño permitía a una vasta audiencia observar la totalidad de la pista, sumergiéndose por completo en la emoción de las carreras de cuadrigas. 

Las grandes estrellas de Roma: Agitatores y aurigas

Desde el inicio de la época imperial los juegos circenses se hicieron muy populares y se convirtieron en un espectáculo lúdico, en los que los encargados de guiar los carros eran ya conductores profesionales, cuya imagen era conocida por miembros de todos los ámbitos sociales y sus carreras eran seguidas por todo el público en general.

La mayoría de conductores de carros pertenecían a la clase social más baja, siendo generalmente esclavos o libertos, por lo que además de ser famosos eran considerados infames por los patricios. 

Por el contrario, su habilidad, valentía y triunfos les trajeron la aclamación de los plebeyos que iban al circo. La condición de héroes populares que llegaban a alcanzar atraía la envidia de los nobles porque algunos adquirían cierta relevancia social y eran honrados con monumentos e inscripciones que les recordaban, y, además, se relacionaban hasta con los emperadores que les hacían magníficos regalos.

Las grandes estrellas de Roma: Agitatores y aurigas

El agitator era un conductor con gran experiencia y habilidad que llevaba las riendas de un carro con cuatro caballos (quadrigarius) que podía tener también responsabilidad en la dirección del equipo, sobre todo, en el Bajo Imperio, como si fuese una especie de capitán de un equipo de fútbol. 

El conductor de carros con dos caballos (bigarius) era denominado auriga y constaba como menos experimentado. 

Los aurigas y agitatores eran tan populares que el pueblo conocía la edad y el lugar de nacimiento de los más afamados, así como el número de sus victorias alcanzadas; y sus nombres e imágenes se encontraban por todos los sitios. Los poetas celebraban sus victorias y lloraban su muerte. 

Los conductores de carros llevaban una ropa especialmente diseñada para protegerse en caso de accidentes: los cascos estaban acolchados y las túnicas eran gruesas sobre las que se cruzaban unas bandas de cuero horizontales que rodeaban el torso. Las piernas también iban cubiertas por bandas que las rodeaban.

El fervor por las carreras en el circo impregnó todos los ámbitos sociales y se mantenía como tema de conversación entre los miembros de la plebe y los nobles romanos. El interés por las facciones hacía que los niños vistieran los colores de los equipos, como si fueran el Barça o el Madrid.

La sociedad romana se agrupaba en torno a las facciones dependiendo de su clase social. Desde el siglo I d.C. las clases populares apoyaban a los Verdes, mientras que la senatorial favorecía a los Azules. Como los emperadores también participaron de esta afición, los que se distinguían por una política populista y antisenatorial eran partidarios incondicionales de los verdes.

El interés de las autoridades en las actividades del circo

En Roma los juegos públicos eran presididos y organizados por los ediles y pretores, aunque los gastos eran pagados por el tesoro público. Sin embargo, no muy tarde, los magistrados comenzaron a aportar fondos propios para engrandecer las fiestas. 

En época imperial los espectáculos empezaron a ser organizados libremente por particulares con dinero. Estos individuos intentaban rentabilizar el gasto consiguiendo que el pueblo les fuese fieles a ellos y solo a ellos. 
Las mujeres también aparecen como benefactores de sus ciudades y habitantes aportando financiación para la construcción de obras públicas y para la celebración de juegos circenses en el momento de su dedicación.