Mercados (macellum): el corazón comercial de Roma
Descubre la vida bulliciosa de los mercados romanos, un eje fundamental para la economía y la sociedad. Acompáñanos a explorar su estructura, su funcionamiento y los ecos de su pasado.
La importancia de los Macellum o Mercados públicos
El mercado era otro de los espacios públicos fundamentales en una ciudad romana. Se trataba de una especie de plaza de abastos donde en un espacio rectangular se situaban una serie de tiendas o establecimientos alrededor de una plaza semi porticada y sobre estos un segundo piso que servía de almacenes a las diversas tiendas.
Es cierto que las ciudades romanas disponían de múltiples establecimientos dedicados a actividades comerciales como los horrea, pórticos o incluso partes de las basílicas además de las tabernae situadas en zonas comerciales; sin embargo, dentro de esta amplia tipología, el macellum como espacio destinado específicamente a aglutinar numerosas actividades comerciales se hace imprescindible.
Llama la atención la simpleza de su estructura aquitectónica, un amplio patio de forma rectangular delimitado por tabernae y con un pórticoen su interior. En el caso del macellum de Baelo Claudia disponía de un segundo piso que era utilizado para el almacenamiento de los productos.
La fachada era un poco más desarrollada con puertas porticadas que daban acceso a un patio donde podía incluso dedicarse un especio a alguna divinidad como Ceres, por ejemplo.
¿Cómo se creaban los Macellum?
Reconstrucción idealizada del mercado de Pompeya, Ilustración de Jean-Claude Golvin
El macellum romano era por tanto un edificio independiente, que pertenecía a la ciudad y estaba destinado, fundamentalmente, a la venta de productos alimenticios, principalmente carne, aves de corral, caza, pescado y productos hortifrutícolas. En algún caso, se han documentado tiendas en las que no se vendían productos alimenticios como en el mercado de Viroconium Cornoviorum (Wroxeter, Gran Bretaña) donde hubo un vendedor de cerámica.
La construcción de un mercado en ciudades con poca población y pocos recursos económicos dependía en muchos casos de la generosidad de las élites que eran los principales clientes ya que podían permitirse los alimentos exóticos y objetos lujosos que allí solían venderse.
En cuanto a su estructura, el macellum era un edificio independiente con un patio central al aire libre (area) rodeado de pórticos, y en el que se repartían las tiendas, o tabernae. El mercado se distribuía en una o varias plantas y exhibía por lo general una fachada monumental, cuya decoración era muy elaborada, así como la del interior que podía mostrar esculturas, pinturas y mosaicos.
En la tholos se encontraría un podium en el cual los vendedores subirían para llamar la atención de los compradores sobre sus mercancías y, con total seguridad, serviría a los subastadores que desde allí ofrecerían sus productos en voz alta.
En una parte principal de la instalación se podía encontrar una estancia, que podía ser en forma de exedra, que se destinaría al culto de algunas divinidades protectoras o al culto del emperador o de la Familia o Casa Imperial. Podéis ver un ejemplo en la imagen de abajo, del Mercado de Pompeya.
Grandes ejemplos de mercados romanos
Mercados de Trajano en Roma
En el caso del macellum de Baelo Claudia disponía de un segundo piso que era utilizado para el almacenamiento de los productos. La fachada era un poco más desarrollada con puertas porticadas que daban acceso a un patio donde podía incluso dedicarse un especio a alguna divinidad como Ceres, por ejemplo.
De los macella más impresionantes, destaca por su grandeza los llamados mercados de Trajano en Roma aunque con un concepto arquitectónico distinto al de un macellum al uso. Se trata de una serie de construcciones aterrazadas con dos plataformas separadas por una gran calle central. En realidad son multitud de tabernae, oficinas y almacenes junto al gran edificio llamado Aula Trajana.
Se abre en su fachada una gran exedra semicircular con tres pisos de tiendas mostrando una facha cóncava flanqueando sus extremos dos auditorios con una altura de tres pisos.
En realidad un edificio complejo realizado por Apolodoro de Damasco que utilizó básicamente el ladrillo como material constructivo combinando arcos de descarga a modo de bóvedas que hicieron inútil la utilización del opus caementicium, el hormigón romano.
Restos del mercado de Baelo
¿Para qué servían los Macellum romanos? Algo más que mercados
La autora, Adeline Hoffelinck de la Universidad Radboud, desafía la visión tradicional. En contraste con las opiniones tradicionales, escribe, estos mercados no fueron diseñados principalmente como espacios de consumo de lujo dirigidos exclusivamente a clientes de élite. Más bien, fueron concebidos como mecanismos de control institucional, físicos y permanentes, sobre el comercio urbano de alimentos.
La idea del macellum como boutique gourmet se sustenta principalmente en anécdotas literarias procedentes de la ciudad de Roma. Autores como Plauto, Horacio o Séneca se escandalizan (o exageran) los precios de productos como el mújol, un pescado que podía costar miles de sestercios. Una anécdota citada por Suetonio afirma que el emperador Tiberio, al enterarse de que tres mújoles se vendieron por 30.000 sestercios, ordenó una supervisión anual de los precios en el macellum.
Pero Hoffelinck señala varios problemas con extrapolar esta imagen a todo el Imperio. Primero, Roma era una megalópolis única, con una concentración de riqueza y consumo ostentoso sin parangón. ¿Eran iguales los mercados en ciudades pequeñas o medianas de Hispania, Britania o el norte de África? Segundo, la literatura satírica romana tiene un claro interés en caricaturizar los excesos de los ricos, por lo que sus testimonios pueden ser engañosos.
El reclamo de consumo de alto nivel está apoyado casi en su totalidad por registros textuales que conciernen a la ciudad de Roma, afirma la investigación. Además, estudios arqueozoológicos recientes demuestran que el consumo de carne y pescado estaba más extendido entre todas las clases sociales de lo que se pensaba. La diferencia no era tanto entre quien comía carne y quien no, sino en la calidad y el tipo: las élites accedían a cortes premium de animales jóvenes y a especies raras, mientras que las clases populares consumían cortes más baratos, animales maduros, embutidos y pescado pequeño o en conserva.
Si el lujo no era el motor principal, ¿qué impulsó la construcción de estos mercados cerrados y de acceso controlado por todo el Imperio? Hoffelinck identifica tres factores económicos interconectados que convergieron entre los siglos III y II a.C.:
La aparición del macellum coincide con la introducción del sistema monetario del denario, que popularizó el uso de moneda, incluso en pequeñas transacciones. El macellum, con sus muros y puertas con cerraduras (como se ve en ejemplos de Morgantina en Sicilia o Herdonia en Italia), no solo protegía las mercancías, sino también el dinero en efectivo.
Era un espacio donde se podían controlar y custodiar las transacciones y los ingresos. En Pompeya, se encontró una caja fuerte con más de 1.100 monedas de bronce en una tienda asociada al macellum, un hallazgo único que subraya su papel en la economía monetaria urbana.
Las numerosas tiendas (tabernae) que rodeaban el patio del macellum generaban ingresos por alquiler para las arcas municipales. En esencia, el macellum era menos un centro comercial de lujo y más una herramienta de administración urbana. Era el lugar donde el Estado municipal podía vigilar precios, combatir el fraude, recaudar impuestos, garantizar ciertas condiciones sanitarias y facilitar el intercambio en una economía que dependía cada vez más de la moneda y el comercio a larga distancia.
Esta reinterpretación cambia nuestra visión de la vida urbana romana, mostrando que detrás de la aparente simpleza de un mercado de alimentos se escondía un sofisticado mecanismo de control para gestionar la complejidad de un imperio.
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