El más allá romano: necrópolis y mausoleos

Adéntrate en el fascinante mundo de la arquitectura funeraria romana. Descubre cómo los romanos honraban a sus difuntos, desde las necrópolis a lo largo de los caminos hasta los imponentes mausoleos. Comprende la importancia de estos lugares y los rituales que los rodeaban en la antigua Roma.

Las necrópolis: ciudades de los muertos

La Ley de las Doce Tablas, ya en el siglo V a.C., prohibió los enterramientos dentro de murallas de la ciudad. Esto llevó a que las necrópolis romanas se establecieran en las afueras, creando verdaderas "ciudades de los muertos" a lo largo de las vías principales de entrada y salida de las urbes. Algunos, sin embargo, optaron por ser enterrados en su propio fundus o propiedad rural.

La arquitectura funeraria y el más allá

Aunque existieron necrópolis con fosas para urnas con cenizas de los difuntos, los romanos preferían enterrar a sus difuntos junto a los caminos. 

La ubicación de las tumbas a lo largo de los caminos no era casual; buscaba la interacción constante con los viajeros, quienes al pasar podían recordar al difunto y, en ocasiones, dejar ofrendas.

La cremación y la inhumación son los dos rituales característicos aunque según el momento, uno predominó sobre el otro.

Tipos de Necrópolis 1: Las tumbas de edículo sobre podium

Las tumbas de edículo sobre podium son las más representativas de la arquitectura funeraria romana y es una de las preferidas de las clases ricas, posiblemente por la facilidad para exhibir las esculturas.

 

Tipos de Necrópolis 2: Los columbarios

Los columbarios constan de una gran sala abovedada, semi-subterránea, a la que se desciende por una escalera y en cuyas paredes hay pequeños nichos o loculus de forma cuadrada, semicircular o rectangular donde se depositan las urnas funerarias; sobre los nichos, una pequeña placa nos da datos sobre el difunto. Son enterramientos múltiples y modestos. 

El más famoso es el Columbario de Pompeya, que podéis ver en ambas imágenes.

Tipo de Necrópolis 3: Los Mausoleos

También existieron tumbas-mausoleo monumentales con formas de túmulo torreado, al principio, y que después fueron variándose con otros tipos: templos, pirámides, casas, etc. El primer ejemplo fue el Mausoleo de Augusto en el s. II a.C. Podéis verlo en la imagen de arriba-

Este tipo de tumba adquirió gran éxito entre los romanos adinerados posteriores a Augusto. El mejor ejemplo con diferencia fue el Mausoleo de Adriano, actual Castillo de Sant’Angelo. Sobre un alto basamento cuadrado, se alzó un cuerpo cilíndrico en ladrillo, dividido por muros radiales abovedados y recubierto externamente por placas de mármol. Podéis verlo en la imagen de la izquierda.

Las pirámides fueron manifestaciones aisladas, se conserva la de Cayo Cestio en Roma. Podéis verla en la imagen de abajo. 

Rituales funerarios y la memoria eterna

El ritual funerario romano era un complejo conjunto de ceremonias destinadas a asegurar el tránsito del difunto al más allá y a mantener su memoria viva en el mundo de los vivos. Desde la preparación del cuerpo hasta el banquete funerario, cada paso tenía un significado profundo.

Aunque las características de los funerales podían variar en relación con las clases sociales, hay una serie de ceremonias comunes e imprescindibles.

Las primeras ceremonias se realizaban en la casa y comienzan en el momento de la muerte, cuando se deposita el cadáver sobre la tierra. Acto seguido comenzaba la ceremonia principal, el velatorio, en que se reunían parientes y amigos para expresar el dolor por la pérdida; también se colocaba una moneda en la boca para pagar al barquero Caronte el paso de la laguna Estigia y finalmente se exponía el cadáver en el atrio de la casa donde era homenajeado.

Terminado el velatorio se realizaba la pompa o procesión fúnebre, celebrada por la noche, hasta el lugar de entierro.

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