Teatros y anfiteatros: el espectáculo de la antigua Roma

Adéntrate en el fascinante mundo del ocio y el espectáculo en la Roma antigua. Descubre cómo estas impresionantes estructuras arquitectónicas cobraban vida con dramas, batallas y juegos, y la importancia que tuvieron en la sociedad romana. ¡La historia te espera en cada grada!

Los imponentes anfiteatros romanos

Otro edificio lúdico no siempre presente en la totalidad de las ciudades romanas es el anfiteatro, edificio sin precedentes que da respuesta a varios tipos de espectáculos muy demandados por el público en general. A diferencia del teatro, el anfiteatro era una construcción de forma ovalada, diseñada para albergar espectáculos mucho más grandiosos y, a menudo, sangrientos. Aquí se celebraban los famosos juegos de gladiadores (munera), cacerías de animales salvajes (venationes) y batallas navales simuladas (naumachiae), inundando la arena. El anfiteatro se estructuraba en la arena (el espacio central donde tenían lugar los espectáculos), la cavea (el graderío elíptico para los espectadores) y un complejo sistema de pasillos subterráneos y jaulas (hypogeum) bajo la arena, que permitía la entrada de animales y gladiadores. Es crucial entender cómo estas construcciones reflejaban la sed de espectáculo y la organización social romana.

Por las fuentes conocemos un primer anfiteatro temporal construido en el foro junto a la basílica Sempronia por Julio César.

El gran ejemplo de Anfiteatro: El Anfiteatro Flavio o Coliseo 

A partir del año 70 d.C, con la construcción del anfiteatro Flavio se plasmaron las bases de los demás anfiteatros. Se levantó con una estructura de arcos que soportaban tres plantas de gradas y un doble anillo exterior de galerías superpuestas por las que se accedían a las rampas de escaleras radiales que conducían al graderío. El anillo exterior poseía una doble función: por un lado ofrecía un magnífico contrafuerte a todo el edificio; por otro posibilitaba un rápido movimiento de espectadores en toda su estructura.

Los duelos de gladiadores

Los romanos no veían los juegos gladiatorios como espectáculos de violencia, sino que los tenían como demostraciones de valor para los jóvenes y para el público en general, e incluso los intelectuales más influyentes de la sociedad consideraban que servían como ejemplo militar a los ciudadanos.

La gladiatura preparaba a la juventud romana para la guerra, infundiendo en ella el espíritu guerrero y motivándola a practicar con la espada o a alistarse en el ejército. Los juegos gladiatorios servían para recordar a la juventud y al pueblo de Roma que debían mantener vivo el espíritu guerrero de sus antepasados. Todavía en el bajo Imperio este tipo de espectáculos consistían en una exhibición que exaltaba los valores viriles del ciudadano.

La escuela de gladiadores (ludus) era el lugar donde se entrenaban todos los gladiadores: los que acaban de llegar al oficio (tirones) y los profesionales consagrados (veterani).

En la época de los emperadores se estableció una extensa red para el reclutamiento y formación de gladiadores que abarcaba todo el Imperio. De esta manera, en cada provincia había una sede, ubicada en la capital, de la escuela imperial. 

Contrariamente a lo que pudiera creerse, el final de un gladiador vencido no era siempre la muerte. Los luchadores, y, sobre todo, los mejores y más aclamados, conseguían grandes beneficios al lanista (sus dueños), quien no deseaba perder ninguno, porque hacerse con nuevos gladiadores era costoso, en cuanto al dinero para comprarlos y mantenerlos y a la preparación que necesitaban.

Durante el entrenamiento de los gladiadores se incluirían técnicas para vencer al oponente sin matarlo o herirlo seriamente. Los gladiadores aprendían normas y códigos de conducta que tenían como objetivo celebrar combates justos entre gladiadores que compartiesen similares características físicas y aptitudes, al mismo tiempo que se debía limitar la posibilidad de víctimas intencionadas o accidentales.

Igualmente, por parte de los propios gladiadores podía desarrollarse su propio código de honor en el que valoraban su capacidad para no herir a sus oponentes y alardeaban de ello, esperando a su vez recibir el mismo trato.

Las naumaquias, recreaciones de la guerra naval

Las naumaquias (en latín, naumachiae) fueron  ejemplo de la complejidad y violencia que entrañaban  los espectáculos públicos llevados a cabo en la antigua Roma. Consistían en la representación teatral de una gran batalla naval que había tenido lugar realmente en el pasado, con un grado de realismo tal que los participantes (los llamados naumachiarii) se vestían con los uniformes de los dos pueblos enfrentados para matarse entre ellos.

En el año 46 a.C., para celebrar su victoria sobre los seguidores de Pompeyo en la Segunda Guerra Civil de la República Romana, Julio César volvió a Roma y organizó una serie de diversas y fastuosas celebraciones. Durante de más de un mes hubo carreras de caballos, espectáculos de música y teatro, batallas de soldados, luchas de fieras, aunque el momento culminante se produjo con la primera naumaquia conocida de la Historia. Celebrada en un enorme estanque (stagnum) construido en el Campo de Marte y llenado con las aguas del río Tíber.

Estas batallas solían estar basadas en la historia de Grecia, por lo que, a lo largo de los más de dos siglos,  se representaron episodios como la victoria de los atenienses sobre los persas en la batalla de Salamina (480 a.C.).
Las naumaquias constituían un espectáculo extravagante cuya celebración requería una gran planificación, además de una enorme infraestructura  y extraordinariamente cara.

El emperador Tito organizó en el año 80 unas fiestas que duraron 100 días por la inauguración del anfiteatro Flavio y no faltaron en ellas los espectáculos acuáticos. Para conmemorarlo, se celebraron dos naumaquias.

La estructura del teatro romano

El teatro romano era el lugar por excelencia para las representaciones dramáticas, comedias y tragedias. Su diseño arquitectónico respondía a una funcionalidad clara, pensada para la acústica y la comodidad del público.

No hay ciudad romana que no disponga, al menos de un pequeño teatro. Es un elemento urbanístico que configura a la ciudad como tal.

Las representaciones teatrales en Roma no tenían el mismo concepto que en Grecia donde primaba la tragedia. El público romano era más proclive a las tragicomedias o directamente a las comedias.

Arquitectónicamente, el teatro presenta en planta cuatro partes bien diferenciadas: Cavea o graderío. Orchestra, espacio donde se situaban los músicos y personajes ilustres. Frons Scaneae, el escenario. Proscaenium, una especie de jardín o vestíbulo.

Se componía principalmente de tres partes: la cavea (el graderío semicircular donde se sentaba el público), la orchestra (espacio semicircular frente al escenario, para los senadores y personajes importantes, y a veces para el coro) y el scaena (el escenario y el edificio escénico ricamente decorado con columnas, estatuas y elementos arquitectónicos). Descubre cómo cada elemento contribuía a la magia del espectáculo.

Uno de los mejores ejemplos de teatros romanos es el de Mérida (Emerita Augusta), que podéis ver a la izquierda.

Usos y funciones: cuándo y cómo se vivían los espectáculos

Entender cuándo y cómo se realizaban las distintas actividades en teatros y anfiteatros es clave para comprender su impacto en la sociedad romana. En los teatros, las obras se representaban durante festivales religiosos y días festivos, y eran patrocinadas por magistrados o ciudadanos ricos para ganarse el favor del pueblo. Los anfiteatros, por otro lado, eran escenario de eventos patrocinados por emperadores o élites para celebrar victorias, honrar a los difuntos o simplemente entretener a las masas, a menudo con entrada gratuita. La distribución del público en ambos recintos seguía un estricto orden social. Esta sección aclarará cómo estos eventos no solo eran entretenimiento, sino también poderosas herramientas políticas y sociales.